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Desde lo profundo del corazón – Reflexiones

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Desde lo profundo del corazón Señor: en este día estoy triste. No sé bien porqué. Tal vez no debería estarlo, sin embargo, lo estoy. Podría escribir palabras bonitas, como las que muchas personas esperan leer, sin embargo, hoy decidí abrir mi corazón no sólo delante de tu presencia, sino también ante quienes nos leen. Es [...]

El gozo de Dios – Temas Devocionales

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El gozo de Dios “Éste es el día en que el Señor actuó; regocijémonos y alegrémonos en él.“ Salmos 118:24 (Nueva Versión Internacional). En una ocasión me encontraba “cabizbajo”(desanimado, con apatía etc.) En eso comencé a imaginar que tenía un dialogo con el SEÑOR, en el cual Él me hizo saber que el problema estaba [...]

Kenneth Copeland – Vivir el amor: no es un sueño imposible

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Posted on : 27-07-2011 | By : Ruben | In : Devocionales, Kenneth Copeland, predicas, Reflexiones Cristianas


Mucha gente afirma conocer a Dios, sin embargo, se le está privando de la clase de relación que Jesús realmente desea tener con ellos. Pueden recitar pasajes largos de las Escrituras e incluso algunos han pasado años en el seminario estudiando la Biblia. Se engañan al pensar: Oro y leo la Palabra todos los días, y considero que por ello permanezco en Jesús.

 No comprenden lo que en realidad significa permanecer. Aunque leer, meditar y escuchar la Palabra de Dios es importante, estas cosas por sí mismas no lo convierten en una persona que "permanece". Para serlo en verdad, no solo debe escuchar la Palabra, sino también es necesario guardarla.

Permanecer significa obedecer. Como dijo Jesús:

"El que tiene mis mandamientos y los guarda, ese es el que me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo lo amaré y me manifestaré a él. El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada con él. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os he amado" (Juan 14:21, 23; 15:10, 12).

La Palabra que verdaderamente vive en nosotros no es la Palabra que conocemos, sino la que hacemos. Santiago 1:22 nos dice que la gente vive engañada porque no son hacedores de la Palabra, sino únicamente oidores. 1 Juan 2:3-6 lo dice así: "En esto sabemos que nosotros lo conocemos, si guardamos sus mandamientos. El que dice: «Yo lo conozco», pero no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso y la verdad no está en él. Pero el que guarda su palabra, en ese verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado; por esto sabemos que estamos en él. El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo".

Si permanecemos en Jesús, viviremos como Él lo hizo: ¡en obediencia!

Jesús anduvo en el amor, obedeciendo a Dios en todo. Ni siquiera decía nada, salvo lo que el Padre le indicaba que debía hablar (Juan 12:49). Jesús vivió para cumplir la Palabra y el plan de su Padre y para obedecer (Juan 6:38).

¿Sabe cómo respondió Dios a esta obediencia? Le dio a Jesús su Espíritu sin medida (Juan 3:34). Como resultado de ello, Jesús venció a Satanás y destruyó sus obras a cada paso. En todas partes donde anduvo, Él hizo que los ciegos vieran, los paralíticos caminaran y los sordos oyeran; expulsó demonios y resucitó a los muertos.

No importa cuánto trate el mundo de convencernos de que es más emocionante pecar antes que obedecer a Dios, Jesús ha demostrado que no lo es. Él vivió la vida más apasionante de toda la historia. Obedecer a Dios no lo va a condenar a una vida de aburrimiento. La obediencia lo guiará hacia una vida de victoria y bendiciones tan emocionante como jamás usted ha podido imaginarse.

Dios desea derramar su poder por medio de usted, tal y como lo hizo por medio de Jesús. Él desea hacer una realidad en su vida la promesa que Jesús hizo en Juan 14:12-15: "De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él también las hará; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre. Todo lo que pidáis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si algo pedís en mi nombre, yo lo haré. Si me amáis, guardad mis mandamientos".

Con demasiada frecuencia, los cristianos citamos los tres primeros versículos y dejamos por fuera el último. Pero si queremos realizar las obras de Jesús, debemos vivir como Él lo hizo. Debemos permanecer en Él, y permanecer significa obedecer sus mandamientos.

Ande amor

Posiblemente habrá notado, en varios de los pasajes que hemos señalado, que Jesús relacionaba la permanencia y la obediencia con el amor de Dios. El amor de Dios se manifiesta en su vida cuando actúa sobre el conocimiento de la Palabra de Dios.

Como vimos anteriormente, en Juan 15:12, Jesús resumió los mandamientos en una oración: "Amaos unos a otros, como yo os he amado". Sin el conocimiento revelado, seguido por la acción, el amor no se desarrolla y el egoísmo sigue reinando en su vida, aun cuando sea una criatura nueva. Pero cuando usted actúa sobre la Palabra de Dios en obediencia, el amor de Dios se perfecciona (1 Juan 2:5), y es ahí cuando el amor comienza a fluir hacia los demás por medio de usted.

Si desea mantener una comunicación viva con Dios, es indispensable que lleve una vida de amor. 1 Juan 4:16 indica: "Dios es amor, y el que permanece en amor permanece en Dios y Dios en él". Cada paso fuera del amor es un paso fuera de esa comunicación viva con Dios, porque anda en desobediencia.

Hace años, Rufus Moseley escribió:

"Si permanecemos en el amor de Dios y andamos siempre en amor, sintiéndonos dispuestos a dar nada más que el mayor amor posible a todos los hombres y cosas, siempre estaremos en Él y bajo su unción. Llegué a darme cuenta de que podía escribir editoriales y hacer todo lo que se puede hacer en el Espíritu de Jesús. Hasta podía estar en lugares celestiales mientras araba con una mula, podaba los árboles, estaba en las salas de juicio, en las celdas de los condenados a muerte y en todo lugar donde había necesidades, siempre y cuando lo hiciera en el espíritu de amor".*

No está solo

Si está pensando que nunca podría vivir sistemáticamente una vida de amor, no se preocupe. Nadie puede hacerlo por cuenta propia; pero gracias a Dios, ¡no estamos solos! El que es Mayor está con nosotros y es su fuerza en nuestro interior la que nos hace victoriosos.

Como ven, permanecer en Jesús nos permite llevar el fruto del Espíritu mencionado en Gálatas 5:22-23, inclusive el amor. Ese fruto fue puesto dentro de usted cuando nació de nuevo. Siempre formarán parte de su espíritu renacido porque este fue creado a imagen de Dios. Él puso su propia naturaleza en usted, y el fruto del Espíritu es una característica de esa naturaleza.

A pesar de que ese fruto está en su interior, usted nunca podrá, sin importar cuánto se esfuerce, manifestarlo de forma constante en su vida mientras no permanezca en Jesús, dedicándole tiempo en oración y en la Palabra.

Piense en el ejemplo que Él dió sobre la vid y los pámpanos y podrá observar fácilmente la razón para esto: "Yo soy la vid verdadera. Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los pámpanos... " (Juan 15:1, 4-5).

La rama de un naranjo no da fruto porque se esfuerce y luche para hacerlo. Lo da porque está conectada al tronco del árbol. La vida que fluye a través de la rama de ese árbol simplemente produce, de forma natural, las naranjas. Del mismo modo, cuando usted se encuentra unido a Jesús y en comunión con Él - la Vid -, su vida divina fluye a través de usted y produce los frutos espirituales. ¡Jesús es su fuerza vital! La comunicación viva con Él determina los resultados espirituales en usted.

Contrariamente a lo que muchos parecieran creer, no se puede vivir de domingo a domingo, acompañando al Señor sólo una vez por semana en la iglesia, olvidándolo el resto del tiempo, y aun así, vivir una vida cristiana razonablmente exitosa. Jesús fue bastante claro al respecto; lea lo que dijo en Juan 15:6: "El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, los echan en el fuego y arden". La palabra "secar" significa "marchitarse, perder o causar la pérdida de energía, vigor o lozanía".

En el instante en que un pámpano se quiebra de la vid, comienza a morir. No importa cuán cerca estén ambos. Usted puede colocar la rama justo al lado de la vid, pero si la unión se ha quebrado, no fluirá la vida. No habrá savia fluyendo de la vid hacia el pámpano.

Eso es una imagen clara de lo que sucede cuando no estamos en comunicación y unión vital con el Señor. Cuando nos encontramos demasiado ocupados para pasar tiempo con Dios en oración y en su Palabra, cuando nos encontramos demasiado preocupados por las cosas terrenales, y nos desconectamos de la comunión con Él, inmediatamente comenzamos a secarnos. Todavía le pertenecemos, tenemos su vida dentro de nosotros, pero su energía no fluirá por medio de nosotros y por eso no podremos producir nada.

El fruto de obedecer y permanecer

Obviamente, aun cuando usted permanezca en Jesús, Él no va a da fruto por usted, al igual que el naranjo no asume la responsabilidad de la rama y produce la fruta directamente del tronco del árbol. Jesús sencillamente le brinda el poder y la vida, y entonces es usted quien debe cumplir con su parte, rindiéndose a esa vida. En un acto de voluntad propia, usted debe permitir que lo que Él ha puesto en su interior se manifieste en el exterior.

Por ejemplo, cuando alguien le ofende, usted debe tomar una decisión: ¿se dejará llevar por su carne ofendida y contestará con otra ofensa?, ¿o se entregará a su espíritu y responderá con amor? La respuesta a estas preguntas estará determinada por dos elementos; el primero es, por supuesto, la decisión que usted tome. El segundo es la condición de su corazón.

Si ha descuidado su tiempo con Dios, pasando más tiempo frente a la televisión antes que en la Palabra, puede que se encuentre muy debilitado para obedecer a la voz del Espíritu. Aunque su corazón desea actuar amorosamente, la carne gana la batalla debido a que su espíritu está débil y por eso arremete con ira hacia la persona que le ofende. Pero si ha permanecido en comunión diaria con el Señor, entonces su corazón estará fuerte y lleno de la energía espiritual necesaria para sobreponerse a la carne y permitir que el amor fluya.

Cómo vencer en amor

Debido a que el Espíritu mismo de Dios mora en nosotros y nos faculta constantemente para hacer su voluntad, obedecer no es una carga, sino un gozo: "pues este es el amor a Dios: que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos [no son molestosos ni agobiantes], porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe" (1 Juan 5:3-4).

Si usted es hijo de Dios nacido de nuevo, usted es vencedor. Quizás lo hayan maltratado y criticado tanto que se mira a sí mismo como un fracasado y desprovisto de amor. Si es así, deje de poner la atención en usted y concéntrese en la Palabra de Dios. Permita que la Palabra transforme la manera en que se ve a sí mismo. Al meditar en la Palabra, desarrollar su fe y estar en comunión con el Padre, usted podrá dar un paso hacia una vida vencedora.

Cuando usted esté conectado a la Palabra, dejará de verse como un fracasado. ¡Se verá a sí mismo en Dios! Comenzará a leer cosas como: "Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios. " (1 Juan 3:1). Empezará a ver, por revelación del Espíritu, que Dios es en realidad su Padre y que Él tiene cuidado de usted.

Comience por verse a sí mismo como el Padre le ve. Cualquier cosa que Él diga de usted como hijo suyo, en verdad es así. Todo lo que usted tiene que hacer es estar de acuerdo con Él y rendirse a su manera de actuar y de ser justo. Cuando esté de acuerdo con la Palabra, podrá obedecerla.

Es posible que no se sienta capaz, pero el que es Mayor vive en usted y le da el poder para hacerlo. El que es Amor habita en usted y por eso usted puede amar. Al permanecer en la Palabra (siendo hacedor obediente y no simplemente oidor), la vida y el amor de Dios serán una realidad en su vida. Andar en los pasos de Jesús ya no será un sueño imposible, y sin que usted se dé cuenta de ello, ¡estará viviendo en amor!

Kenneth Copeland – Vivir el amor: no es un sueño imposible

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Posted on : 27-07-2011 | By : Ruben | In : Devocionales, Kenneth Copeland, predicas, Reflexiones Cristianas


Mucha gente afirma conocer a Dios, sin embargo, se le está privando de la clase de relación que Jesús realmente desea tener con ellos. Pueden recitar pasajes largos de las Escrituras e incluso algunos han pasado años en el seminario estudiando la Biblia. Se engañan al pensar: Oro y leo la Palabra todos los días, y considero que por ello permanezco en Jesús.

 No comprenden lo que en realidad significa permanecer. Aunque leer, meditar y escuchar la Palabra de Dios es importante, estas cosas por sí mismas no lo convierten en una persona que "permanece". Para serlo en verdad, no solo debe escuchar la Palabra, sino también es necesario guardarla.

Permanecer significa obedecer. Como dijo Jesús:

"El que tiene mis mandamientos y los guarda, ese es el que me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo lo amaré y me manifestaré a él. El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada con él. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os he amado" (Juan 14:21, 23; 15:10, 12).

La Palabra que verdaderamente vive en nosotros no es la Palabra que conocemos, sino la que hacemos. Santiago 1:22 nos dice que la gente vive engañada porque no son hacedores de la Palabra, sino únicamente oidores. 1 Juan 2:3-6 lo dice así: "En esto sabemos que nosotros lo conocemos, si guardamos sus mandamientos. El que dice: «Yo lo conozco», pero no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso y la verdad no está en él. Pero el que guarda su palabra, en ese verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado; por esto sabemos que estamos en él. El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo".

Si permanecemos en Jesús, viviremos como Él lo hizo: ¡en obediencia!

Jesús anduvo en el amor, obedeciendo a Dios en todo. Ni siquiera decía nada, salvo lo que el Padre le indicaba que debía hablar (Juan 12:49). Jesús vivió para cumplir la Palabra y el plan de su Padre y para obedecer (Juan 6:38).

¿Sabe cómo respondió Dios a esta obediencia? Le dio a Jesús su Espíritu sin medida (Juan 3:34). Como resultado de ello, Jesús venció a Satanás y destruyó sus obras a cada paso. En todas partes donde anduvo, Él hizo que los ciegos vieran, los paralíticos caminaran y los sordos oyeran; expulsó demonios y resucitó a los muertos.

No importa cuánto trate el mundo de convencernos de que es más emocionante pecar antes que obedecer a Dios, Jesús ha demostrado que no lo es. Él vivió la vida más apasionante de toda la historia. Obedecer a Dios no lo va a condenar a una vida de aburrimiento. La obediencia lo guiará hacia una vida de victoria y bendiciones tan emocionante como jamás usted ha podido imaginarse.

Dios desea derramar su poder por medio de usted, tal y como lo hizo por medio de Jesús. Él desea hacer una realidad en su vida la promesa que Jesús hizo en Juan 14:12-15: "De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él también las hará; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre. Todo lo que pidáis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si algo pedís en mi nombre, yo lo haré. Si me amáis, guardad mis mandamientos".

Con demasiada frecuencia, los cristianos citamos los tres primeros versículos y dejamos por fuera el último. Pero si queremos realizar las obras de Jesús, debemos vivir como Él lo hizo. Debemos permanecer en Él, y permanecer significa obedecer sus mandamientos.

Ande amor

Posiblemente habrá notado, en varios de los pasajes que hemos señalado, que Jesús relacionaba la permanencia y la obediencia con el amor de Dios. El amor de Dios se manifiesta en su vida cuando actúa sobre el conocimiento de la Palabra de Dios.

Como vimos anteriormente, en Juan 15:12, Jesús resumió los mandamientos en una oración: "Amaos unos a otros, como yo os he amado". Sin el conocimiento revelado, seguido por la acción, el amor no se desarrolla y el egoísmo sigue reinando en su vida, aun cuando sea una criatura nueva. Pero cuando usted actúa sobre la Palabra de Dios en obediencia, el amor de Dios se perfecciona (1 Juan 2:5), y es ahí cuando el amor comienza a fluir hacia los demás por medio de usted.

Si desea mantener una comunicación viva con Dios, es indispensable que lleve una vida de amor. 1 Juan 4:16 indica: "Dios es amor, y el que permanece en amor permanece en Dios y Dios en él". Cada paso fuera del amor es un paso fuera de esa comunicación viva con Dios, porque anda en desobediencia.

Hace años, Rufus Moseley escribió:

"Si permanecemos en el amor de Dios y andamos siempre en amor, sintiéndonos dispuestos a dar nada más que el mayor amor posible a todos los hombres y cosas, siempre estaremos en Él y bajo su unción. Llegué a darme cuenta de que podía escribir editoriales y hacer todo lo que se puede hacer en el Espíritu de Jesús. Hasta podía estar en lugares celestiales mientras araba con una mula, podaba los árboles, estaba en las salas de juicio, en las celdas de los condenados a muerte y en todo lugar donde había necesidades, siempre y cuando lo hiciera en el espíritu de amor".*

No está solo

Si está pensando que nunca podría vivir sistemáticamente una vida de amor, no se preocupe. Nadie puede hacerlo por cuenta propia; pero gracias a Dios, ¡no estamos solos! El que es Mayor está con nosotros y es su fuerza en nuestro interior la que nos hace victoriosos.

Como ven, permanecer en Jesús nos permite llevar el fruto del Espíritu mencionado en Gálatas 5:22-23, inclusive el amor. Ese fruto fue puesto dentro de usted cuando nació de nuevo. Siempre formarán parte de su espíritu renacido porque este fue creado a imagen de Dios. Él puso su propia naturaleza en usted, y el fruto del Espíritu es una característica de esa naturaleza.

A pesar de que ese fruto está en su interior, usted nunca podrá, sin importar cuánto se esfuerce, manifestarlo de forma constante en su vida mientras no permanezca en Jesús, dedicándole tiempo en oración y en la Palabra.

Piense en el ejemplo que Él dió sobre la vid y los pámpanos y podrá observar fácilmente la razón para esto: "Yo soy la vid verdadera. Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los pámpanos... " (Juan 15:1, 4-5).

La rama de un naranjo no da fruto porque se esfuerce y luche para hacerlo. Lo da porque está conectada al tronco del árbol. La vida que fluye a través de la rama de ese árbol simplemente produce, de forma natural, las naranjas. Del mismo modo, cuando usted se encuentra unido a Jesús y en comunión con Él - la Vid -, su vida divina fluye a través de usted y produce los frutos espirituales. ¡Jesús es su fuerza vital! La comunicación viva con Él determina los resultados espirituales en usted.

Contrariamente a lo que muchos parecieran creer, no se puede vivir de domingo a domingo, acompañando al Señor sólo una vez por semana en la iglesia, olvidándolo el resto del tiempo, y aun así, vivir una vida cristiana razonablmente exitosa. Jesús fue bastante claro al respecto; lea lo que dijo en Juan 15:6: "El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, los echan en el fuego y arden". La palabra "secar" significa "marchitarse, perder o causar la pérdida de energía, vigor o lozanía".

En el instante en que un pámpano se quiebra de la vid, comienza a morir. No importa cuán cerca estén ambos. Usted puede colocar la rama justo al lado de la vid, pero si la unión se ha quebrado, no fluirá la vida. No habrá savia fluyendo de la vid hacia el pámpano.

Eso es una imagen clara de lo que sucede cuando no estamos en comunicación y unión vital con el Señor. Cuando nos encontramos demasiado ocupados para pasar tiempo con Dios en oración y en su Palabra, cuando nos encontramos demasiado preocupados por las cosas terrenales, y nos desconectamos de la comunión con Él, inmediatamente comenzamos a secarnos. Todavía le pertenecemos, tenemos su vida dentro de nosotros, pero su energía no fluirá por medio de nosotros y por eso no podremos producir nada.

El fruto de obedecer y permanecer

Obviamente, aun cuando usted permanezca en Jesús, Él no va a da fruto por usted, al igual que el naranjo no asume la responsabilidad de la rama y produce la fruta directamente del tronco del árbol. Jesús sencillamente le brinda el poder y la vida, y entonces es usted quien debe cumplir con su parte, rindiéndose a esa vida. En un acto de voluntad propia, usted debe permitir que lo que Él ha puesto en su interior se manifieste en el exterior.

Por ejemplo, cuando alguien le ofende, usted debe tomar una decisión: ¿se dejará llevar por su carne ofendida y contestará con otra ofensa?, ¿o se entregará a su espíritu y responderá con amor? La respuesta a estas preguntas estará determinada por dos elementos; el primero es, por supuesto, la decisión que usted tome. El segundo es la condición de su corazón.

Si ha descuidado su tiempo con Dios, pasando más tiempo frente a la televisión antes que en la Palabra, puede que se encuentre muy debilitado para obedecer a la voz del Espíritu. Aunque su corazón desea actuar amorosamente, la carne gana la batalla debido a que su espíritu está débil y por eso arremete con ira hacia la persona que le ofende. Pero si ha permanecido en comunión diaria con el Señor, entonces su corazón estará fuerte y lleno de la energía espiritual necesaria para sobreponerse a la carne y permitir que el amor fluya.

Cómo vencer en amor

Debido a que el Espíritu mismo de Dios mora en nosotros y nos faculta constantemente para hacer su voluntad, obedecer no es una carga, sino un gozo: "pues este es el amor a Dios: que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos [no son molestosos ni agobiantes], porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe" (1 Juan 5:3-4).

Si usted es hijo de Dios nacido de nuevo, usted es vencedor. Quizás lo hayan maltratado y criticado tanto que se mira a sí mismo como un fracasado y desprovisto de amor. Si es así, deje de poner la atención en usted y concéntrese en la Palabra de Dios. Permita que la Palabra transforme la manera en que se ve a sí mismo. Al meditar en la Palabra, desarrollar su fe y estar en comunión con el Padre, usted podrá dar un paso hacia una vida vencedora.

Cuando usted esté conectado a la Palabra, dejará de verse como un fracasado. ¡Se verá a sí mismo en Dios! Comenzará a leer cosas como: "Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios. " (1 Juan 3:1). Empezará a ver, por revelación del Espíritu, que Dios es en realidad su Padre y que Él tiene cuidado de usted.

Comience por verse a sí mismo como el Padre le ve. Cualquier cosa que Él diga de usted como hijo suyo, en verdad es así. Todo lo que usted tiene que hacer es estar de acuerdo con Él y rendirse a su manera de actuar y de ser justo. Cuando esté de acuerdo con la Palabra, podrá obedecerla.

Es posible que no se sienta capaz, pero el que es Mayor vive en usted y le da el poder para hacerlo. El que es Amor habita en usted y por eso usted puede amar. Al permanecer en la Palabra (siendo hacedor obediente y no simplemente oidor), la vida y el amor de Dios serán una realidad en su vida. Andar en los pasos de Jesús ya no será un sueño imposible, y sin que usted se dé cuenta de ello, ¡estará viviendo en amor!

Reflexiones Cristianas – Una foto Nueva

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Reflexiones Cristianas – Una foto Nueva “Ahora pues, Señor, tú eres nuestro padre; nosotros barro, y tú el que nos formaste; así que obra de tus manos somos todos nosotros” (Isaias 64:8). “Esté más preocupado con su carácter que su reputación, porque su carácter es lo que usted realmente es, mientras su reputación es meramente qué otros [...]

Sonia Luna – La Puerta Angosta

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Posted on : 27-07-2011 | By : Ruben | In : Devocionales, predicas, Reflexiones Cristianas, Sonia Luna


Las puertas que se abren son oportunidades, algunas grandes, pero otras no tanto y es importante aprender a reconocerlas.

Las puertas que se abren son oportunidades, algunas grandes, pero otras no tanto y es importante aprender a reconocerlas. Cuando una puerta grande se abre, sabemos que muchas personas pueden entrar. Pero cuando una puerta angosta se abre a tu paso, debes estar preparado y atento para poder traspasarla y entrar al lugar que abre. Mientras más pequeña sea, menos personas entran.??
En Lucas 13:24 dice Esforzaos a entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán entrar, y no podrán.??
El esfuerzo es la clave para entrar por una puerta angosta. Ser esforzados implica prepararse y tener el deseo de ser los mejores en lo que hacemos.
?En mi caso, he tenido la oportunidad de entrar por esas puertas. Por ejemplo, he predicado a la congregación y luego, poco tiempo después, tuve la oportunidad de predicarle a muchos pastores de pequeñas y grandes congregaciones con muchos años de ministerio. Ellos vinieron a recibir su capacitación del Modelo de Jesús. Les hablé sobre lo valioso que es el testimonio de la mujer en el Ministerio, la importancia que tiene el espacio para que la mujer pueda predicar y compartir de lo mucho que le ha dado el Señor. Les expliqué que nosotras tenemos la capacidad de hacerlo ya que hemos escuchado mucha Palabra en la congregación y es tiempo de que hablemos y demos testimonio de todo el fruto que ha producido esa Palabra.??Durante mucho tiempo, Dios me había preparado.
Me lanzaba desafíos y supe que estaba lista para entrar por esa puerta. Sabía que no era fácil, pero debía esforzarme, como manda la Palabra. Todas podemos dar lo que tenemos y lo que Dios ha formado en nosotras. Nunca dejes pasar la oportunidad de entrar por estas puertas angostas y difíciles que nos retan. Cuando se abren es porque te has preparado, te has esforzado y es tu oportunidad de crecer donde quiera que estés, en tu trabajo, en tu casa, en tu ministerio o en el liderazgo que tengas. Recuerda siempre estar sujeto a la autoridad que Dios te ha dado. Si eres mujer, a tu esposo, tu jefe, tus padres o tus líderes y verás que Él te respaldará y prosperará todo lo que emprendas.
Cuéntanos tus oportunidades y cómo te estas preparando.

 

Sonia Luna – La Puerta Angosta

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Posted on : 27-07-2011 | By : Ruben | In : Devocionales, predicas, Reflexiones Cristianas, Sonia Luna


Las puertas que se abren son oportunidades, algunas grandes, pero otras no tanto y es importante aprender a reconocerlas.

Las puertas que se abren son oportunidades, algunas grandes, pero otras no tanto y es importante aprender a reconocerlas. Cuando una puerta grande se abre, sabemos que muchas personas pueden entrar. Pero cuando una puerta angosta se abre a tu paso, debes estar preparado y atento para poder traspasarla y entrar al lugar que abre. Mientras más pequeña sea, menos personas entran.??
En Lucas 13:24 dice Esforzaos a entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán entrar, y no podrán.??
El esfuerzo es la clave para entrar por una puerta angosta. Ser esforzados implica prepararse y tener el deseo de ser los mejores en lo que hacemos.
?En mi caso, he tenido la oportunidad de entrar por esas puertas. Por ejemplo, he predicado a la congregación y luego, poco tiempo después, tuve la oportunidad de predicarle a muchos pastores de pequeñas y grandes congregaciones con muchos años de ministerio. Ellos vinieron a recibir su capacitación del Modelo de Jesús. Les hablé sobre lo valioso que es el testimonio de la mujer en el Ministerio, la importancia que tiene el espacio para que la mujer pueda predicar y compartir de lo mucho que le ha dado el Señor. Les expliqué que nosotras tenemos la capacidad de hacerlo ya que hemos escuchado mucha Palabra en la congregación y es tiempo de que hablemos y demos testimonio de todo el fruto que ha producido esa Palabra.??Durante mucho tiempo, Dios me había preparado.
Me lanzaba desafíos y supe que estaba lista para entrar por esa puerta. Sabía que no era fácil, pero debía esforzarme, como manda la Palabra. Todas podemos dar lo que tenemos y lo que Dios ha formado en nosotras. Nunca dejes pasar la oportunidad de entrar por estas puertas angostas y difíciles que nos retan. Cuando se abren es porque te has preparado, te has esforzado y es tu oportunidad de crecer donde quiera que estés, en tu trabajo, en tu casa, en tu ministerio o en el liderazgo que tengas. Recuerda siempre estar sujeto a la autoridad que Dios te ha dado. Si eres mujer, a tu esposo, tu jefe, tus padres o tus líderes y verás que Él te respaldará y prosperará todo lo que emprendas.
Cuéntanos tus oportunidades y cómo te estas preparando.

 

Amar: ¿Palabras ó hechos? – Temas Reflexivos

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Amar: ¿Palabras ó hechos? “Yo amo a mi Dios porque él escucha mis ruegos”. Salmos 116:1 (Traducción en lenguaje actual) Cuando alguien te dice que te ama pero con sus acciones demuestra totalmente lo contrario es duro de asimilar. Por lo general cuando amamos a alguien, también esperamos que la otra persona sienta y demuestre [...]

Solo soy el hacha – Devocionario Cristiano

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Solo soy el hacha “Puede acaso gloriarse el hacha más que el que la maneja, o jactarse la sierra contra quien la usa? ¡Como si pudiera el bastón manejar a quien lo tiene en la mano” Isaías 10: 15 (Nueva Versión Internacional) En este versículo el SEÑOR está hablando de como el rey de Asiria [...]

Reflexiones – Amor, Sí – Egoísmo, No

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Reflexiones – Amor, Sí — Egoísmo, No “y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad … para que tenga qué compartir con el que padece necesidad” (Efesios 4:24, 28). Algunas ropas fueron enviadas para una colonia de leprosos, para que fuesen distribuidas entre los internos. Preguntaron, a un [...]

Cash Luna – Dios de Proezas

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Posted on : 25-07-2011 | By : Ruben | In : Cash Luna, Devocionales, predicas, Reflexiones Cristianas


Atrévete y humíllate si es necesario, pero acepta el reto de hacer proezas para gloria del Señor.

Salmo 60:12 asegura: En Dios haremos proezas, y él hollará a nuestros enemigos.

Cuando nos preparamos para hacer proezas en el Señor, debemos comprender que la vida no es fácil, al contrario, puede ser muy dura y encontraremos dificultades, por lo que es necesario tomar valor y lanzarnos a lograr grandes objetivos.  Siempre se levantarán enemigos, pero la Palabra dice que Él los derrotará, cuando estemos peleando Sus batallas. Es decir que al luchar por cumplir los propósitos de Dios, Sus ángeles están a nuestro servicio. Así que no tengas miedo y decídete a lograr proezas.

En la vida, tenemos dos formas de ver al Señor a nuestro lado. Cuando nos acompaña a lograr nuestros objetivos y cuando nosotros trabajamos por lograr Sus planes. En ambas situaciones nos apoya, pero lo mejor es pelear Sus batallas, esforzarnos por alcanzar lo que Él nos pide.  De esa forma seremos como los héroes de la fe que nos presenta el libro de Hechos en el capítulo 11.

En la Biblia, todos los hombres que tomamos como ejemplo han colaborado con Dios para lograr Sus propósitos.  No es el Señor quien ha luchado por alcanzar las metas personales de ellos, aunque en el camino de lograr lo que Él quiere, fueron bendecidos abundantemente.  Nosotros trabajamos con Dios, no Él con nosotros, parece lo mismo, pero hay diferencia.

Fue designio de Dios levantar a Abraham como padre de una gran nación y hacer de Jacob  el padre de doce patriarcas.  Fue el Señor quien mandó a Noé construir un arca cuando nunca había llovido. Fue Él quien levantó a Nehemías para reconstruir Jerusalén y escogió a David para matar a Goliat.  Dios fue el que levantó a Salomón y le dio sabiduría e hizo de Moisés un libertador a pesar de ser tartamudo.  Él hizo que Josué y Caleb se esforzaran y conquistaran la Tierra Prometida. En Dios haremos proezas, seremos héroes de la fe.

Es fácil admirarse por lo que éstos hombres lograron, la dificultad está en aceptar que hoy a  nosotros nos corresponde hacer proezas. Imagina que al Señor se le ocurriera pedirnos hacer un arca, pero no sabemos qué es eso porque nunca hemos visto llover. Nos llamarían locos, ¡justo como algunos lo hacen ahora que en Guatemala estamos construyendo un gran templo para el Señor!  Algunas personas me han abandonado cuando he propuesto algunos de los proyectos que Dios me ha mandado hacer, entonces, Él me ha dicho: “Ellos dicen creerme, pero igual hubieran dejado a Josué cuando dijo que debían dar vueltas alrededor de la ciudad de Jericó para conquistarla”.  Todos los hombres de fe hicieron proezas que no tenían antecedentes, tal como nosotros debemos hacer ahora. Dios nos presenta desafíos que a veces parecen locuras y si le creemos, nos ayuda a lograrlos.

Elías logró derrotar a muchos falsos profetas, Daniel salió ileso del foso de los leones, Noé logró construir un arca, el anciano Moisés guió durante 40 años al pueblo por el desierto, Sansón derribó las columnas para matar a sus enemigos y nosotros también haremos grandes proezas con el Señor.  Dios no recordará nuestros errores o pecados si le entregamos nuestra vida y le servimos, así como sucedió con los hombres de la Biblia a quienes levantó he hizo vencedores.  Recordemos que Salomón fue el fruto del pecado de David con una mujer casada y Sansón fue débil ante Dalila, pero el Señor tenía un plan para ellos y les dio la oportunidad de lograrlo, a pesar de su origen o sus errores.

El proceso para lograr proezas
Lo primero es creerle al Señor, tal como nos demuestran los hombres de la Biblia. Lo segundo es hacer a un lado las excusas porque nada ni nadie debe alejarnos de nuestro deseo de agradar a Dios. Evitemos ser como aquellos invitados que no fueron al banquete preparado para ellos y pusieron excusas tontas como ir a ver una finca de noche.

Los héroes de la fe, no pusieron excusas infundadas, de hecho, cada uno realmente tenía razones para dudar, sin embargo, superaron sus limitaciones y lograron lo que el Señor les pedía. Gedeón se preguntaba cómo salvaría al pueblo si era pobre y el más pequeño de su familia, David no era considerado digno por los suyos, ¡su padre incluso lo olvidó cuando el profeta Samuel le pidió que reuniera a sus hijos! Luego, el rey Saúl le dijo que no podría vencer al enemigo porque era joven y no sabía pelear.  Esas no eran excusas, eran enormes verdades que Dios hizo a un lado porque para Él, no hay nada imposible.

Utilizas las peores verdades de tu vida para no salir adelante cuando Dios te lo ha ordenado y no debe ser así. Seguramente no necesitas inventar mentiras porque tienes defectos y limitaciones. Somos débiles y tal vez no tenemos recursos económicos, pero nada debe detenernos. Las peores verdades de nuestra vida no deben vencernos para evitar que hagamos lo mejor. Ante una orden de Dios, no hay verdad que justifique nuestra desobediencia.  No será fácil, pero debemos confiar en Su fortaleza que nunca nos abandonará. Todos tenemos limitaciones, sin embargo, la verdad superior es que Dios te dice que puedes hacerlo, así que tus verdades ya no importan. La Biblia es hermosa porque nos relata las historias más increíbles pero ciertas para que le creamos a nuestro Padre, ya que Su verdad es más poderosa que la nuestra.

Cuando Dios me dijo que apacentara Sus ovejas, no pude negarme a pesar de mis limitaciones.  Él ni siquiera me dio tiempo para exponerle mis verdades como excusas, simplemente hizo a un lado mi dificultad para hablar en público y mi pobreza, me envió a trabajar en Su obra y obedecí. Le dije: “Si Tú dices que se puede, así será”.  Hace años, cuando mi esposa aún era mi novia, íbamos al zoológico a repartir pequeños tratados sobre el Señor. Predicaba aunque no hubiera nadie escuchándome y literalmente llorando, me acercaba a las personas para pedirles que recibieran a Jesús. No tenía público, pero sí una pasión ardiente por llevar a alguien a los pies de nuestro Señor. Es una bendición servir a Dios y hacer a un lado las excusas.

El tercer elemento para lograr proezas es esforzarse.  Los hombre que la Biblia nos presente trabajaron hasta el cansancio, de día y de noche.  Se esforzaron para lograr lo que Dios les había ordenado. Además, se dejaron transformar.

Humildad para hacer proezas
Filipenses 2:5-10 exhorta: Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra;

En la Biblia, versión lenguaje actual, el verso 6 dice: Aunque Cristo siempre fue igual a Dios, no insistió en esa igualdad, al contrario, renunció a esa igualdad y  se hizo igual a nosotros.

La mayor proeza ha sido salvarnos de nuestros delitos y pecados. Nuestro Señor Jesucristo fue el instrumento de Dios para lograrlo ya que Él siempre obra a través de alguien.  En la Palabra vemos que siempre llamó a hombres de fe para manifestar Su voluntad y para salvarnos también lo hizo. Escogió a Su Hijo quien es igual a Él, pero se hizo hombre para poder derramar Su sangre.  De esta forma nos demostró que es posible hacer proezas haciéndose menor que otros.

Algunos piensan que para hacer algo importante deben ser jefes, reyes y ocupar puestos importantes, pero no es así. Todos podemos hacer maravillas sin importar nuestra posición, ya que Jesús nos demostró que la mayor proeza no la hizo el Padre sino el Hijo. Hoy la gente desea ser promovida y ascender, olvidan que debemos tener el mismo espíritu de Cristo Jesús, quien en  vez de subir, bajó de nivel,  porque siendo Dios, se hizo hombre para cumplir Su proeza de salvarnos.

No debes ser dueño de grandes posesiones para hacer proezas, no necesitas promoción, puedes hacerlas justo donde te encuentras, en tu grupo, con tu familia y amigos. Donde Dios te ha puesto puedes servir, atender o trabajar para Él.  Jesús era como el Padre, pero no puso resistencia, no se negó aunque pudo decirle: “Somos iguales, baja Tú”, fue obediente y se sacrificó.  Su expresión de amor fue tan grande que no me explico cómo podemos ser tan flojos y mal agradecidos. Él se pasa de bueno y nos aprovechamos.

Fuiste creado para hacer proezas, así que debes dejarte transformar, tomar la forma que Jesús quiere, tal como Él tomó la forma humana y murió por nosotros, entre dos ladrones, humillado y sin una gota de sangre en Su cuerpo.  Él se humilló para ser exaltado por el Padre. Deja que Dios te exalte, deja las excusas a un lado y muévete para lograr tus proezas.
Jesús tuvo una verdad, como Noé, Moisés y Gedeón, Su verdad era que Él y el Padre eran iguales, pero estuvo dispuesto a bajar de nivel para salvarnos. ¿Cómo puede el dueño de todo, ser tan humilde y nosotros resistirnos tanto? Hay dueños de empresas que son más humildes que tú, ¡cambia eso de inmediato! Debemos cambiar para hacer las proezas que Dios nos mandó. No te quejes cuando te humillen porque quizá es el camino correcto para lograr la misión que Dios te encomendó.

Jesús no está sentado allá arriba, en el lugar más alto del universo sólo porque Dios lo amó, sino porque soportó ser humillado voluntariamente. Por eso, puede decir con autoridad que pongas la otra mejilla si te pegan, que des la capa si te piden la túnica y que camines dos millas si te piden que acompañes una. Luzbel hizo lo contrario, quiso exaltarse, sentarse junto al trono de Dios y cayó hasta lo profundo del infierno. Si te humillas, terminarás siendo exaltado, si te exaltas terminarás humillado.

Debes atreverte a hacer proezas porque eres luz del mundo y sal de la tierra. La sociedad necesita con urgencia gente que se atreva hacer proezas para el Señor y para bien de Su pueblo.  Pídele perdón si peleas cuando eres humillado y prométele que le obedecerás con paciencia porque sólo Él sabe el momento correcto para exaltarte. Dile que te entregarás sin reservas en el nivel donde te encuentres y le imitarás siendo humilde porque es un honor recibir y aceptar Su invitación para hacer proezas.

 

Cash Luna – Dios de Proezas

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Posted on : 25-07-2011 | By : Ruben | In : Cash Luna, Devocionales, predicas, Reflexiones Cristianas


Atrévete y humíllate si es necesario, pero acepta el reto de hacer proezas para gloria del Señor.

Salmo 60:12 asegura: En Dios haremos proezas, y él hollará a nuestros enemigos.

Cuando nos preparamos para hacer proezas en el Señor, debemos comprender que la vida no es fácil, al contrario, puede ser muy dura y encontraremos dificultades, por lo que es necesario tomar valor y lanzarnos a lograr grandes objetivos.  Siempre se levantarán enemigos, pero la Palabra dice que Él los derrotará, cuando estemos peleando Sus batallas. Es decir que al luchar por cumplir los propósitos de Dios, Sus ángeles están a nuestro servicio. Así que no tengas miedo y decídete a lograr proezas.

En la vida, tenemos dos formas de ver al Señor a nuestro lado. Cuando nos acompaña a lograr nuestros objetivos y cuando nosotros trabajamos por lograr Sus planes. En ambas situaciones nos apoya, pero lo mejor es pelear Sus batallas, esforzarnos por alcanzar lo que Él nos pide.  De esa forma seremos como los héroes de la fe que nos presenta el libro de Hechos en el capítulo 11.

En la Biblia, todos los hombres que tomamos como ejemplo han colaborado con Dios para lograr Sus propósitos.  No es el Señor quien ha luchado por alcanzar las metas personales de ellos, aunque en el camino de lograr lo que Él quiere, fueron bendecidos abundantemente.  Nosotros trabajamos con Dios, no Él con nosotros, parece lo mismo, pero hay diferencia.

Fue designio de Dios levantar a Abraham como padre de una gran nación y hacer de Jacob  el padre de doce patriarcas.  Fue el Señor quien mandó a Noé construir un arca cuando nunca había llovido. Fue Él quien levantó a Nehemías para reconstruir Jerusalén y escogió a David para matar a Goliat.  Dios fue el que levantó a Salomón y le dio sabiduría e hizo de Moisés un libertador a pesar de ser tartamudo.  Él hizo que Josué y Caleb se esforzaran y conquistaran la Tierra Prometida. En Dios haremos proezas, seremos héroes de la fe.

Es fácil admirarse por lo que éstos hombres lograron, la dificultad está en aceptar que hoy a  nosotros nos corresponde hacer proezas. Imagina que al Señor se le ocurriera pedirnos hacer un arca, pero no sabemos qué es eso porque nunca hemos visto llover. Nos llamarían locos, ¡justo como algunos lo hacen ahora que en Guatemala estamos construyendo un gran templo para el Señor!  Algunas personas me han abandonado cuando he propuesto algunos de los proyectos que Dios me ha mandado hacer, entonces, Él me ha dicho: “Ellos dicen creerme, pero igual hubieran dejado a Josué cuando dijo que debían dar vueltas alrededor de la ciudad de Jericó para conquistarla”.  Todos los hombres de fe hicieron proezas que no tenían antecedentes, tal como nosotros debemos hacer ahora. Dios nos presenta desafíos que a veces parecen locuras y si le creemos, nos ayuda a lograrlos.

Elías logró derrotar a muchos falsos profetas, Daniel salió ileso del foso de los leones, Noé logró construir un arca, el anciano Moisés guió durante 40 años al pueblo por el desierto, Sansón derribó las columnas para matar a sus enemigos y nosotros también haremos grandes proezas con el Señor.  Dios no recordará nuestros errores o pecados si le entregamos nuestra vida y le servimos, así como sucedió con los hombres de la Biblia a quienes levantó he hizo vencedores.  Recordemos que Salomón fue el fruto del pecado de David con una mujer casada y Sansón fue débil ante Dalila, pero el Señor tenía un plan para ellos y les dio la oportunidad de lograrlo, a pesar de su origen o sus errores.

El proceso para lograr proezas
Lo primero es creerle al Señor, tal como nos demuestran los hombres de la Biblia. Lo segundo es hacer a un lado las excusas porque nada ni nadie debe alejarnos de nuestro deseo de agradar a Dios. Evitemos ser como aquellos invitados que no fueron al banquete preparado para ellos y pusieron excusas tontas como ir a ver una finca de noche.

Los héroes de la fe, no pusieron excusas infundadas, de hecho, cada uno realmente tenía razones para dudar, sin embargo, superaron sus limitaciones y lograron lo que el Señor les pedía. Gedeón se preguntaba cómo salvaría al pueblo si era pobre y el más pequeño de su familia, David no era considerado digno por los suyos, ¡su padre incluso lo olvidó cuando el profeta Samuel le pidió que reuniera a sus hijos! Luego, el rey Saúl le dijo que no podría vencer al enemigo porque era joven y no sabía pelear.  Esas no eran excusas, eran enormes verdades que Dios hizo a un lado porque para Él, no hay nada imposible.

Utilizas las peores verdades de tu vida para no salir adelante cuando Dios te lo ha ordenado y no debe ser así. Seguramente no necesitas inventar mentiras porque tienes defectos y limitaciones. Somos débiles y tal vez no tenemos recursos económicos, pero nada debe detenernos. Las peores verdades de nuestra vida no deben vencernos para evitar que hagamos lo mejor. Ante una orden de Dios, no hay verdad que justifique nuestra desobediencia.  No será fácil, pero debemos confiar en Su fortaleza que nunca nos abandonará. Todos tenemos limitaciones, sin embargo, la verdad superior es que Dios te dice que puedes hacerlo, así que tus verdades ya no importan. La Biblia es hermosa porque nos relata las historias más increíbles pero ciertas para que le creamos a nuestro Padre, ya que Su verdad es más poderosa que la nuestra.

Cuando Dios me dijo que apacentara Sus ovejas, no pude negarme a pesar de mis limitaciones.  Él ni siquiera me dio tiempo para exponerle mis verdades como excusas, simplemente hizo a un lado mi dificultad para hablar en público y mi pobreza, me envió a trabajar en Su obra y obedecí. Le dije: “Si Tú dices que se puede, así será”.  Hace años, cuando mi esposa aún era mi novia, íbamos al zoológico a repartir pequeños tratados sobre el Señor. Predicaba aunque no hubiera nadie escuchándome y literalmente llorando, me acercaba a las personas para pedirles que recibieran a Jesús. No tenía público, pero sí una pasión ardiente por llevar a alguien a los pies de nuestro Señor. Es una bendición servir a Dios y hacer a un lado las excusas.

El tercer elemento para lograr proezas es esforzarse.  Los hombre que la Biblia nos presente trabajaron hasta el cansancio, de día y de noche.  Se esforzaron para lograr lo que Dios les había ordenado. Además, se dejaron transformar.

Humildad para hacer proezas
Filipenses 2:5-10 exhorta: Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra;

En la Biblia, versión lenguaje actual, el verso 6 dice: Aunque Cristo siempre fue igual a Dios, no insistió en esa igualdad, al contrario, renunció a esa igualdad y  se hizo igual a nosotros.

La mayor proeza ha sido salvarnos de nuestros delitos y pecados. Nuestro Señor Jesucristo fue el instrumento de Dios para lograrlo ya que Él siempre obra a través de alguien.  En la Palabra vemos que siempre llamó a hombres de fe para manifestar Su voluntad y para salvarnos también lo hizo. Escogió a Su Hijo quien es igual a Él, pero se hizo hombre para poder derramar Su sangre.  De esta forma nos demostró que es posible hacer proezas haciéndose menor que otros.

Algunos piensan que para hacer algo importante deben ser jefes, reyes y ocupar puestos importantes, pero no es así. Todos podemos hacer maravillas sin importar nuestra posición, ya que Jesús nos demostró que la mayor proeza no la hizo el Padre sino el Hijo. Hoy la gente desea ser promovida y ascender, olvidan que debemos tener el mismo espíritu de Cristo Jesús, quien en  vez de subir, bajó de nivel,  porque siendo Dios, se hizo hombre para cumplir Su proeza de salvarnos.

No debes ser dueño de grandes posesiones para hacer proezas, no necesitas promoción, puedes hacerlas justo donde te encuentras, en tu grupo, con tu familia y amigos. Donde Dios te ha puesto puedes servir, atender o trabajar para Él.  Jesús era como el Padre, pero no puso resistencia, no se negó aunque pudo decirle: “Somos iguales, baja Tú”, fue obediente y se sacrificó.  Su expresión de amor fue tan grande que no me explico cómo podemos ser tan flojos y mal agradecidos. Él se pasa de bueno y nos aprovechamos.

Fuiste creado para hacer proezas, así que debes dejarte transformar, tomar la forma que Jesús quiere, tal como Él tomó la forma humana y murió por nosotros, entre dos ladrones, humillado y sin una gota de sangre en Su cuerpo.  Él se humilló para ser exaltado por el Padre. Deja que Dios te exalte, deja las excusas a un lado y muévete para lograr tus proezas.
Jesús tuvo una verdad, como Noé, Moisés y Gedeón, Su verdad era que Él y el Padre eran iguales, pero estuvo dispuesto a bajar de nivel para salvarnos. ¿Cómo puede el dueño de todo, ser tan humilde y nosotros resistirnos tanto? Hay dueños de empresas que son más humildes que tú, ¡cambia eso de inmediato! Debemos cambiar para hacer las proezas que Dios nos mandó. No te quejes cuando te humillen porque quizá es el camino correcto para lograr la misión que Dios te encomendó.

Jesús no está sentado allá arriba, en el lugar más alto del universo sólo porque Dios lo amó, sino porque soportó ser humillado voluntariamente. Por eso, puede decir con autoridad que pongas la otra mejilla si te pegan, que des la capa si te piden la túnica y que camines dos millas si te piden que acompañes una. Luzbel hizo lo contrario, quiso exaltarse, sentarse junto al trono de Dios y cayó hasta lo profundo del infierno. Si te humillas, terminarás siendo exaltado, si te exaltas terminarás humillado.

Debes atreverte a hacer proezas porque eres luz del mundo y sal de la tierra. La sociedad necesita con urgencia gente que se atreva hacer proezas para el Señor y para bien de Su pueblo.  Pídele perdón si peleas cuando eres humillado y prométele que le obedecerás con paciencia porque sólo Él sabe el momento correcto para exaltarte. Dile que te entregarás sin reservas en el nivel donde te encuentres y le imitarás siendo humilde porque es un honor recibir y aceptar Su invitación para hacer proezas.