Simplemente CREE
Cuando todo se pone color gris y volvemos nuestra vista hacia todos lados sin ver una salida o una solución posible, ¡Vaya como nos cuesta creer!
Y es que nos cuesta creer que algo bueno puede salir de eso, nos cuesta creer que algo bueno va a pasar, nos cuesta creer que Dios puede hacer algo.
Nosotros los seres humanos independientemente de la nacionalidad que seamos tenemos un problema con la fe, nos cuesta creer las promesas de Dios, pero somos muy crédulos con las mentiras que el diablo trata de introducir en nuestra mente.
Por un lado se nos hace fácil creerle al enemigo cuando nos dice que somos unos derrotados, unos hipócritas, cuando comienza a predicarnos que no valemos nada y que Dios no está interesado en nuestros asuntos, pero se nos hace MUY DIFICIL creer lo que Dios ya ha prometido.
¿Por qué somos así?, creo que tengo una respuesta del porque nos cuesta creer lo que Dios nos ha prometido, la respuesta es sencilla: Nos cuesta creer porque analizamos todo bajo nuestra perspectiva humana y al ver que no existe una soluciona humana posible, creemos que las cosas no se mejoraran o nada bueno saldrá de eso.
¡Gracias a Dios Él no ve las cosas como nosotros las vemos!
Quizá para ti hoy en día te parece que no hay una posible solución a tu problema, has agrandado tanto tu problema que se ha vuelto un gigante difícil de vencer, ves hacia cualquier lado, analizas cualquier posible solución y por más que pienses y pienses, simplemente ¡No existe!
El hecho de haber analizado todo humanamente y llegar a la conclusión que no existe una forma de salir de esa te hace pensar y creer que de verdad NO EXISTE UNA SOLUCION. Pero, ¿Por qué no dejas que Dios analice todo en tu lugar?, ¿Por qué no le cedes el lugar a Dios, para que sea Él quien decida si es posible o no?
Cuando Dios le dio la promesa a Abraham de que su descendencia seria como las arenas del mar o como las estrellas del cielo, Abraham era un anciano y su esposa Sara también, además que Sara era estéril, es decir no había posibilidades humanas que llegara a quedar embarazada.
Ellos pensaron las formas humanas para una posible solución a ese problema, fue así como Sara decidió que su esclava Agar fuera el medio por el cual podría darle un hijo a Abraham.
Cuando nosotros decidimos actuar según nuestros planes o según como creemos que tienen que ser las cosas, y de esa manera queremos darle una “ayudadita” a Dios, corremos el riesgo de equivocarnos duramente. El hijo que Agar tuvo, no era el hijo de la promesa, ellos trataron de solucionar el problema con ideas humanas, pero Dios tenía un promesa que cumplir y a pesar de que todo apuntaba que el cumplimiento de esa promesa era imposible (Los dos con avanzada edad y Sara estéril), Dios lo iba a hacer posible.
¿En qué le quieres ayudar a Dios?, ¿Será que Dios necesita que le echemos “una manita” para que pueda cumplir sus promesas?
Hay momentos en la vida en donde no podemos “echarle una manita” a Dios, en donde nuestro trabajo solo es CREER, solamente eso, no tienes porque hacer mas, simplemente tu trabajo es CREER, deja que Dios haga lo demás, porque si metes tus manos posiblemente lo eches a perder, por eso a veces solo tienes que CREER.
Siento de Dios que muchos que hoy me leen están pasando situaciones que humanamente hoy en día es imposible solucionar. Situaciones que te han robado la paz, que han hecho de tus días un calvario, situaciones que no puedes sacar de tu mente y que cada día sientes que te matan la fe.
Hoy quiero motivarte a que no dejes de CREER, lo que para ti parece perdido, Dios puede restaurarlo, lo que para ti parece gris, Dios lo puede colorear, lo que para ti es imposible, Dios puede convertirlo en posible, ¿Qué es lo único que Él te pide?, simplemente CREER.
Creer sin ver es recompensado, creer sin ver es la esencia de la FE.
Dios no quiere que pierdas tu tiempo pensando como Él actuara, que método usara o de qué forma lo hará, lo único que tienes que hacer es descansar en la promesa de que Él actuara en tu vida si tan solo depositas tú confianza plena en Él.
No sé cómo será la forma de actuar de Él, porque un Dios creativo es difícil de predecir, lo que sí sé es que seguramente te sorprenderá de una forma de la cual ni siquiera pensaste que lo haría, así es Él, así es mi Dios, así es tú Dios, simplemente CREE.
¡Si crees Dios te sorprenderá!
“Del mismo modo, «Abraham le creyó a Dios, y Dios lo consideró justo debido a su fe»”
Gálatas 3:6 (Nueva Traducción Viviente)
Autor: Enrique Monterroza
Escrito originalmente para www.destellodesugloria.org
Autorizado para publicarse en: www.devocionaldiario.com – www.enriquemonterroza.com y http://reflexionesydevocionales.blogspot.com
Simplemente CREE
Cuando todo se pone color gris y volvemos nuestra vista hacia todos lados sin ver una salida o una solución posible, ¡Vaya como nos cuesta creer!
Y es que nos cuesta creer que algo bueno puede salir de eso, nos cuesta creer que algo bueno va a pasar, nos cuesta creer que Dios puede hacer algo.
Nosotros los seres humanos independientemente de la nacionalidad que seamos tenemos un problema con la fe, nos cuesta creer las promesas de Dios, pero somos muy crédulos con las mentiras que el diablo trata de introducir en nuestra mente.
Por un lado se nos hace fácil creerle al enemigo cuando nos dice que somos unos derrotados, unos hipócritas, cuando comienza a predicarnos que no valemos nada y que Dios no está interesado en nuestros asuntos, pero se nos hace MUY DIFICIL creer lo que Dios ya ha prometido.
¿Por qué somos así?, creo que tengo una respuesta del porque nos cuesta creer lo que Dios nos ha prometido, la respuesta es sencilla: Nos cuesta creer porque analizamos todo bajo nuestra perspectiva humana y al ver que no existe una soluciona humana posible, creemos que las cosas no se mejoraran o nada bueno saldrá de eso.
¡Gracias a Dios Él no ve las cosas como nosotros las vemos!
Quizá para ti hoy en día te parece que no hay una posible solución a tu problema, has agrandado tanto tu problema que se ha vuelto un gigante difícil de vencer, ves hacia cualquier lado, analizas cualquier posible solución y por más que pienses y pienses, simplemente ¡No existe!
El hecho de haber analizado todo humanamente y llegar a la conclusión que no existe una forma de salir de esa te hace pensar y creer que de verdad NO EXISTE UNA SOLUCION. Pero, ¿Por qué no dejas que Dios analice todo en tu lugar?, ¿Por qué no le cedes el lugar a Dios, para que sea Él quien decida si es posible o no?
Cuando Dios le dio la promesa a Abraham de que su descendencia seria como las arenas del mar o como las estrellas del cielo, Abraham era un anciano y su esposa Sara también, además que Sara era estéril, es decir no había posibilidades humanas que llegara a quedar embarazada.
Ellos pensaron las formas humanas para una posible solución a ese problema, fue así como Sara decidió que su esclava Agar fuera el medio por el cual podría darle un hijo a Abraham.
Cuando nosotros decidimos actuar según nuestros planes o según como creemos que tienen que ser las cosas, y de esa manera queremos darle una “ayudadita” a Dios, corremos el riesgo de equivocarnos duramente. El hijo que Agar tuvo, no era el hijo de la promesa, ellos trataron de solucionar el problema con ideas humanas, pero Dios tenía un promesa que cumplir y a pesar de que todo apuntaba que el cumplimiento de esa promesa era imposible (Los dos con avanzada edad y Sara estéril), Dios lo iba a hacer posible.
¿En qué le quieres ayudar a Dios?, ¿Será que Dios necesita que le echemos “una manita” para que pueda cumplir sus promesas?
Hay momentos en la vida en donde no podemos “echarle una manita” a Dios, en donde nuestro trabajo solo es CREER, solamente eso, no tienes porque hacer mas, simplemente tu trabajo es CREER, deja que Dios haga lo demás, porque si metes tus manos posiblemente lo eches a perder, por eso a veces solo tienes que CREER.
Siento de Dios que muchos que hoy me leen están pasando situaciones que humanamente hoy en día es imposible solucionar. Situaciones que te han robado la paz, que han hecho de tus días un calvario, situaciones que no puedes sacar de tu mente y que cada día sientes que te matan la fe.
Hoy quiero motivarte a que no dejes de CREER, lo que para ti parece perdido, Dios puede restaurarlo, lo que para ti parece gris, Dios lo puede colorear, lo que para ti es imposible, Dios puede convertirlo en posible, ¿Qué es lo único que Él te pide?, simplemente CREER.
Creer sin ver es recompensado, creer sin ver es la esencia de la FE.
Dios no quiere que pierdas tu tiempo pensando como Él actuara, que método usara o de qué forma lo hará, lo único que tienes que hacer es descansar en la promesa de que Él actuara en tu vida si tan solo depositas tú confianza plena en Él.
No sé cómo será la forma de actuar de Él, porque un Dios creativo es difícil de predecir, lo que sí sé es que seguramente te sorprenderá de una forma de la cual ni siquiera pensaste que lo haría, así es Él, así es mi Dios, así es tú Dios, simplemente CREE.
¡Si crees Dios te sorprenderá!
“Del mismo modo, «Abraham le creyó a Dios, y Dios lo consideró justo debido a su fe»”
Gálatas 3:6 (Nueva Traducción Viviente)
Autor: Enrique Monterroza
Escrito originalmente para www.destellodesugloria.org
Autorizado para publicarse en: www.devocionaldiario.com – www.enriquemonterroza.com y http://reflexionesydevocionales.blogspot.com
“La fe de Abraham”
“Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba”
Hebreos 11:8
El libro de Hebreos, capítulo 11, es el libro de la fe. En él encontramos un sinnúmero de ejemplos de hombres y mujeres que vivieron por fe y fueron reconocidos por esa fe ejemplar. Uno de esos ejemplos fue Abraham. Veamos algunos aspectos claves en la vida de este hombre de fe:
• Su llamamiento a la fe (Gén. 12:1 – 3): Dios le habla a Abraham y le pide que salga de su tierra y que abandone a su parentela para dirigirse a una tierra que Él le mostrará… más adelante. Es decir, Abraham obedeció y salió de su lugar de origen SIN SABER a dónde iba, ni a qué lugar lo iba a llevar el Señor. Se movió sólo por fe. Ese tipo de fe es la que nosotros necesitamos para obedecer a Dios sin cuestionarlo y movernos aun sin saber lo que viene después
• La confirmación de su fe (Gén. 13:14 – 16): después de que Lot escogió la parte de la tierra que quería para él, Dios llama aparte a Abraham y le muestra TODO lo que es suyo, toda la tierra hasta donde alcanzaba su vista la daría a él y sus descendientes, y éstos serían además, como el polvo de la tierra, numerosos. Cuando Dios nos llama o nos pide que dejemos algo o que hagamos algo para Él, en primer lugar, nunca nos deja solos, Él va siempre a nuestro lado guiándonos en el camino; segundo, Él se agrada de nuestra fe y confianza y nos galardona. Es entonces cuando viene el cumplimiento de sus promesas
• La prueba de su fe (Gén. 22:2, 11 y 12): Dios le pide a Abraham que sacrifique a su hijo amado Isaac; cualquiera pensaría que es una contrariedad haberle dado un hijo y después pedirle que se lo sacrifique; pero, en ocasiones, después de haber conquistado grandes batallas o logrado grandes victorias en fe, Dios prueba nuevamente, una y otra vez, nuestra fe. Abraham obedeció no sin dolor, pero Dios se agradó una vez más de su fe y lo libró de tan amarga prueba. Así, Abraham se convierte en amigo de Dios
Lo que aprendemos de estos pasajes:
1- Dios nos creó para que fuésemos sus AMIGOS
2- La fe es un RIESGO, requiere de una rendición total, sin reservas
3- Debemos tener la convicción de que Dios proveerá SIEMPRE, cuando le confiemos nuestro Isaac
¡Dios siempre llega en el momento preciso y con la respuesta exacta a nuestra necesidad!
Autora: Alma Delia Ponce
Escrito para www.destellodesugloria.org
“La fe de Abraham”
“Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba”
Hebreos 11:8
El libro de Hebreos, capítulo 11, es el libro de la fe. En él encontramos un sinnúmero de ejemplos de hombres y mujeres que vivieron por fe y fueron reconocidos por esa fe ejemplar. Uno de esos ejemplos fue Abraham. Veamos algunos aspectos claves en la vida de este hombre de fe:
• Su llamamiento a la fe (Gén. 12:1 – 3): Dios le habla a Abraham y le pide que salga de su tierra y que abandone a su parentela para dirigirse a una tierra que Él le mostrará… más adelante. Es decir, Abraham obedeció y salió de su lugar de origen SIN SABER a dónde iba, ni a qué lugar lo iba a llevar el Señor. Se movió sólo por fe. Ese tipo de fe es la que nosotros necesitamos para obedecer a Dios sin cuestionarlo y movernos aun sin saber lo que viene después
• La confirmación de su fe (Gén. 13:14 – 16): después de que Lot escogió la parte de la tierra que quería para él, Dios llama aparte a Abraham y le muestra TODO lo que es suyo, toda la tierra hasta donde alcanzaba su vista la daría a él y sus descendientes, y éstos serían además, como el polvo de la tierra, numerosos. Cuando Dios nos llama o nos pide que dejemos algo o que hagamos algo para Él, en primer lugar, nunca nos deja solos, Él va siempre a nuestro lado guiándonos en el camino; segundo, Él se agrada de nuestra fe y confianza y nos galardona. Es entonces cuando viene el cumplimiento de sus promesas
• La prueba de su fe (Gén. 22:2, 11 y 12): Dios le pide a Abraham que sacrifique a su hijo amado Isaac; cualquiera pensaría que es una contrariedad haberle dado un hijo y después pedirle que se lo sacrifique; pero, en ocasiones, después de haber conquistado grandes batallas o logrado grandes victorias en fe, Dios prueba nuevamente, una y otra vez, nuestra fe. Abraham obedeció no sin dolor, pero Dios se agradó una vez más de su fe y lo libró de tan amarga prueba. Así, Abraham se convierte en amigo de Dios
Lo que aprendemos de estos pasajes:
1- Dios nos creó para que fuésemos sus AMIGOS
2- La fe es un RIESGO, requiere de una rendición total, sin reservas
3- Debemos tener la convicción de que Dios proveerá SIEMPRE, cuando le confiemos nuestro Isaac
¡Dios siempre llega en el momento preciso y con la respuesta exacta a nuestra necesidad!
Autora: Alma Delia Ponce
Escrito para www.destellodesugloria.org
La fe de un niño
El pequeño Edgar de 7 añitos, no pudo asistir hoy al colegio, porque se encontraba aquejado de un profundo dolor de dientes. Con la inocencia pintada en su carita y el entre ceño fruncido por el dolor, le pidió a su mamá que lo lleve a la casa de una hermana en la fe, para que orara por él. Este niñito estaba completamente seguro, de que luego de la oración, podría tener un día pleno de juegos, risas y algarabía con sus amiguitos del barrio. ¡Qué sencillo lo hacía parecer este pequeño! Solamente cree y ¡será hecho! Creo que milagros como este, son los que Dios hace con sumo placer.
Indudablemente, esta es la actitud que El espera de sus hijos. Que tengamos una fe sencilla, genuina, espontánea y dinámica, como la del pequeño Edgar. El no se limitó a permanecer allí, lamentando su situación. Tampoco se quedó en una actitud pasiva, esperando que el milagro llegue a su encuentro. ¡No! ¡El iría en busca de su milagro! Al igual que aquella mujer, que padecía de flujo de sangre desde hacía 12 años (Lucas 8: 43-44) Ella se levantó en fe y se dirigió al Maestro, abriéndose paso en medio de la multitud que la apretujaba, pero quedó libre de su azote en ese mismo instante en que tocó el borde del manto de Jesús.
¡El niño se movió también en fe y salió en busca de su milagro!
Esto me recuerda el pasaje de Juan 11: 39 cuando Jesús, frente a la tumba de Lázaro y ante la multitud expectante que se encontraba en ese lugar, les ordena: “Quitad la piedra” ¿Por qué razón les tocaría a ellos, remover aquella piedra tan pesada? ¿Es que no podía el Señor hacer el milagro completo? Pues sencillamente, hay cosas que nos corresponde hacer a nosotros y ¡debemos hacerlas! El resto, queda en la plena potestad y soberanía de nuestro Dios. Edgar conocía a una mujer de fe, de oración y ¡ese era el momento preciso para hacerle una visita!
Con toda seguridad, la mamá llevará luego al niño a consultar con el odontólogo y el pequeño seguirá un tratamiento hasta recuperarse totalmente. Para eso, el Señor ha puesto la ciencia y la tecnología a nuestro servicio. No obstante, la actitud de este pequeño lleno de fe, que tuvo al Señor como primera opción ¡es digna de destacarse y hasta de ser imitada! Con frecuencia, los adultos somos expertos en complicar las cosas.
Nosotros esperamos ver primeramente, para luego entrar a considerar si acaso, deberíamos creer. Sin embargo, lo que nos dice el Señor, es que si podemos creer ¡entonces veremos su gloria! Porque ¡todo es posible para el que cree! El ejemplo de Edgar, me lleva a reflexionar, acerca de cuánta bendición sería para mí, si pudiera tener esa clase de fe…¡la fe de un niño! ¡Cuánta razón tenía el Señor al darnos ésta recomendación en Mateo 18:3
“Si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis al reino de los cielos”
Autora: Estela Schüsselin
Escrito para: www.destellodesugloria.org
La fe de un niño
El pequeño Edgar de 7 añitos, no pudo asistir hoy al colegio, porque se encontraba aquejado de un profundo dolor de dientes. Con la inocencia pintada en su carita y el entre ceño fruncido por el dolor, le pidió a su mamá que lo lleve a la casa de una hermana en la fe, para que orara por él. Este niñito estaba completamente seguro, de que luego de la oración, podría tener un día pleno de juegos, risas y algarabía con sus amiguitos del barrio. ¡Qué sencillo lo hacía parecer este pequeño! Solamente cree y ¡será hecho! Creo que milagros como este, son los que Dios hace con sumo placer.
Indudablemente, esta es la actitud que El espera de sus hijos. Que tengamos una fe sencilla, genuina, espontánea y dinámica, como la del pequeño Edgar. El no se limitó a permanecer allí, lamentando su situación. Tampoco se quedó en una actitud pasiva, esperando que el milagro llegue a su encuentro. ¡No! ¡El iría en busca de su milagro! Al igual que aquella mujer, que padecía de flujo de sangre desde hacía 12 años (Lucas 8: 43-44) Ella se levantó en fe y se dirigió al Maestro, abriéndose paso en medio de la multitud que la apretujaba, pero quedó libre de su azote en ese mismo instante en que tocó el borde del manto de Jesús.
¡El niño se movió también en fe y salió en busca de su milagro!
Esto me recuerda el pasaje de Juan 11: 39 cuando Jesús, frente a la tumba de Lázaro y ante la multitud expectante que se encontraba en ese lugar, les ordena: “Quitad la piedra” ¿Por qué razón les tocaría a ellos, remover aquella piedra tan pesada? ¿Es que no podía el Señor hacer el milagro completo? Pues sencillamente, hay cosas que nos corresponde hacer a nosotros y ¡debemos hacerlas! El resto, queda en la plena potestad y soberanía de nuestro Dios. Edgar conocía a una mujer de fe, de oración y ¡ese era el momento preciso para hacerle una visita!
Con toda seguridad, la mamá llevará luego al niño a consultar con el odontólogo y el pequeño seguirá un tratamiento hasta recuperarse totalmente. Para eso, el Señor ha puesto la ciencia y la tecnología a nuestro servicio. No obstante, la actitud de este pequeño lleno de fe, que tuvo al Señor como primera opción ¡es digna de destacarse y hasta de ser imitada! Con frecuencia, los adultos somos expertos en complicar las cosas.
Nosotros esperamos ver primeramente, para luego entrar a considerar si acaso, deberíamos creer. Sin embargo, lo que nos dice el Señor, es que si podemos creer ¡entonces veremos su gloria! Porque ¡todo es posible para el que cree! El ejemplo de Edgar, me lleva a reflexionar, acerca de cuánta bendición sería para mí, si pudiera tener esa clase de fe…¡la fe de un niño! ¡Cuánta razón tenía el Señor al darnos ésta recomendación en Mateo 18:3
“Si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis al reino de los cielos”
Autora: Estela Schüsselin
Escrito para: www.destellodesugloria.org
Ubicando la fe en la Persona correcta
“No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros”.
Juan 14: 1,2
No nos debe extrañar que el hombre sea religioso porque fue creado para creer, la fe del Creador fue puesta cuando sopló aliento de vida sobre él, cuando sólo era un cuerpo de barro sin ningún indicio de vida humana. Si salimos a la calle a preguntar a las personas si creen en Dios, no hay duda alguna que si no todos, la gran mayoría nos responderá que sí, y muchos para justificar la falta de dirección de ese creer dirán: “sí, yo creo en Dios, pero a mi manera”, a esto, Jesús le llama turbación. De ningún modo Él está diciendo que el corazón se turba por creer en Dios, sino que la turbación se produce porque esa fe no está enfocada en la Persona que corresponde.
“Creéis en Dios, creed también en mí”, ¡que palabras más potentes de Cristo Jesús!; resulta imposible separarlas, no cabe cuña alguna en esta maravillosa frase, es una unidad granítica. Excluye a todo aquél, que pretendiendo una supuesta deidad, demande para sí una atención que sobrepase los límites humanos. Jesús vino para darle dirección a la fe. El primer intento lo hizo Dios, cuando dio a conocer la razón de sacar de los lomos de Abram un nuevo pueblo, que no era otra cosa que dar a conocer Su Nombre a todas las naciones, estas, altamente paganas e idólatras. Siempre la gente ha tenido problemas para enfocar su fe, motivados por su propia ignorancia, por la influencia de otros, o por ser fiel a una costumbre o tradición familiar. Yo creía en Dios, de corazón creía en Él, pero mi fe se enfocaba en la imagen de un Cristo crucificado puesto en un altar, mi fe era sincera, pero mal dirigida; cuando fui confrontado por el Señor resucitado, lo primero que hizo, fue darle dirección a mi creer, se encauzó hacia Su Persona, solo allí mi fe tuvo su razón de ser.
La Palabra de Dios dice en Marcos 16:15: “Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura”, sabemos que el Evangelio es el anuncio de buenas noticias, y ¡muy buenas noticias!, entre esas, “porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna”, Juan 3:16. Ya nunca más la fe en Dios quedaría sin dirección, ubicándola en lo que no corresponde. Dice la Escritura, que los hombres hicieron caso omiso a la existencia del Dios verdadero, a pesar de ser evidente por “medio de las cosas hechas”, desviaron su fe por sus pensamientos vanos, “y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y reptiles.”, Romanos 1: 20-23. Entonces, tenemos que era absolutamente necesario volver al orden a la fe del hombre perdida en Edén, recordemos que allí, Adán y Eva disfrutaban de los beneficios de una fe bien enfocada, ¿el beneficio mayor?, disfrutar a diario de la presencia de Dios Creador, perdida por la pregunta de Satanás, el diablo, “¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto?”, incitando al corazón de Eva a pensar que podía escuchar otra voz, y la oyó, provocando un desastre monumental, cósmico, eterno.
Hasta que aparece Jesús frente a los elegidos para ser sus discípulos, los que serían ungidos más tarde para propagar “hasta lo último de la tierra” su mensaje de salvación, diciéndoles: “Creéis en Dios, creed también en mí”, posicionando en el lugar correcto o mejor dicho en la Persona correcta, la fe.
Necesitamos hoy más que nunca predicar a Cristo, porque sólo en Él, el hombre y la mujer pueden tener un encuentro personal con Dios; no es posible creer en Dios prescindiendo de Cristo Jesús, no es viable hacerlo, es imposible hacerlo.-
Autor: Oscar Olivares Dondero
Escrito para: www.destellodesugloria.org
Ubicando la fe en la Persona correcta
“No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros”.
Juan 14: 1,2
No nos debe extrañar que el hombre sea religioso porque fue creado para creer, la fe del Creador fue puesta cuando sopló aliento de vida sobre él, cuando sólo era un cuerpo de barro sin ningún indicio de vida humana. Si salimos a la calle a preguntar a las personas si creen en Dios, no hay duda alguna que si no todos, la gran mayoría nos responderá que sí, y muchos para justificar la falta de dirección de ese creer dirán: “sí, yo creo en Dios, pero a mi manera”, a esto, Jesús le llama turbación. De ningún modo Él está diciendo que el corazón se turba por creer en Dios, sino que la turbación se produce porque esa fe no está enfocada en la Persona que corresponde.
“Creéis en Dios, creed también en mí”, ¡que palabras más potentes de Cristo Jesús!; resulta imposible separarlas, no cabe cuña alguna en esta maravillosa frase, es una unidad granítica. Excluye a todo aquél, que pretendiendo una supuesta deidad, demande para sí una atención que sobrepase los límites humanos. Jesús vino para darle dirección a la fe. El primer intento lo hizo Dios, cuando dio a conocer la razón de sacar de los lomos de Abram un nuevo pueblo, que no era otra cosa que dar a conocer Su Nombre a todas las naciones, estas, altamente paganas e idólatras. Siempre la gente ha tenido problemas para enfocar su fe, motivados por su propia ignorancia, por la influencia de otros, o por ser fiel a una costumbre o tradición familiar. Yo creía en Dios, de corazón creía en Él, pero mi fe se enfocaba en la imagen de un Cristo crucificado puesto en un altar, mi fe era sincera, pero mal dirigida; cuando fui confrontado por el Señor resucitado, lo primero que hizo, fue darle dirección a mi creer, se encauzó hacia Su Persona, solo allí mi fe tuvo su razón de ser.
La Palabra de Dios dice en Marcos 16:15: “Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura”, sabemos que el Evangelio es el anuncio de buenas noticias, y ¡muy buenas noticias!, entre esas, “porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna”, Juan 3:16. Ya nunca más la fe en Dios quedaría sin dirección, ubicándola en lo que no corresponde. Dice la Escritura, que los hombres hicieron caso omiso a la existencia del Dios verdadero, a pesar de ser evidente por “medio de las cosas hechas”, desviaron su fe por sus pensamientos vanos, “y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y reptiles.”, Romanos 1: 20-23. Entonces, tenemos que era absolutamente necesario volver al orden a la fe del hombre perdida en Edén, recordemos que allí, Adán y Eva disfrutaban de los beneficios de una fe bien enfocada, ¿el beneficio mayor?, disfrutar a diario de la presencia de Dios Creador, perdida por la pregunta de Satanás, el diablo, “¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto?”, incitando al corazón de Eva a pensar que podía escuchar otra voz, y la oyó, provocando un desastre monumental, cósmico, eterno.
Hasta que aparece Jesús frente a los elegidos para ser sus discípulos, los que serían ungidos más tarde para propagar “hasta lo último de la tierra” su mensaje de salvación, diciéndoles: “Creéis en Dios, creed también en mí”, posicionando en el lugar correcto o mejor dicho en la Persona correcta, la fe.
Necesitamos hoy más que nunca predicar a Cristo, porque sólo en Él, el hombre y la mujer pueden tener un encuentro personal con Dios; no es posible creer en Dios prescindiendo de Cristo Jesús, no es viable hacerlo, es imposible hacerlo.-
Autor: Oscar Olivares Dondero
Escrito para: www.destellodesugloria.org


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