Nuestros problemas nunca podrán superar la grandeza del Señor

Nuestros problemas nunca podrán superar la grandeza del Señor

woman prayin readingPuede haber momentos en la vida en los que sentimos que estamos en medio de un desierto, lleno de sequía y soledad, y quizá podemos llegar a pensar que la tristeza es la única compañía en esos tiempos de dificultad. Tenemos todo lo que posiblemente otros no tienen y nos sentimos sin nada, estamos rodeados de bellas personas pero no dejamos de sentirnos solos, sabemos que no tenemos porqué llorar pero aun así nuestro corazón se duele, tenemos ganas de mucho pero al mismo tiempo de nada; es como si estuviéramos en una celda cuya puerta de salida no encontramos, todo es como un bello paisaje pero pintado de gris. Realmente, este es un escenario difícil de explicar y describir.

Este panorama es ideal para que Satanás haga de las suyas y se motive para ejecutar cada uno de sus perversos planes; sin embargo, aunque podemos sentirnos tan mal, en nuestro interior sigue cobrando valor la esperanza, una luz que nos mantiene fuertes a pesar de lo débiles que nos podemos sentir y esa luz tiene nombre propio, esa luz es Jesús. Una cosa es que estemos pasando por tiempos de crisis y dificultad, y otra muy distinta, que estemos pensando en tirar la toalla y desviarnos de la voluntad de Dios, y esto último, no viene al caso.

Puede ser muy duro lo que estamos viviendo, podemos sentir algo similar a lo que sintió Job cuando fue despojado de todos sus bienes, incluso de sus hijos y su salud; lo cierto, es que sin importar la situación adversa que podamos estar experimentando, debemos seguir confiando en nuestro Señor y Salvador Jesucristo, y creer que todo lo que estamos viviendo, aunque doloroso e incómodo, está bajo su control. Lo importante es que entendamos que pase lo que pase no podemos caer en la tentación de arremeter contra Dios. Cuando estamos pasando por el desierto, donde todo se pone gris y pareciera que no hubiera esperanza, es cuando más fácilmente somos tentados a blasfemar en contra del Señor; no lo hagamos, es en medio del desierto cuando más debemos rogar a Dios para que nos de valentía y así podamos resistir a la tentación de pecar o volver atrás. Tengamos en cuenta que mientras sigamos con vida puede suceder un milagro, la última palabra la tiene Dios; además, es bueno saber que por más grandes que parezcan nuestros problemas, estos nunca podrán superar la grandeza del Señor. Confía, Él tiene todo bajo control.

No sé tú, pero yo, no me voy a rendir, renuncio a esa absurda idea; no podría vivir sin mi Señor Jesús, a dónde iría, qué haría. Sin Él no soy nadie y por supuesto nada podría hacer. Mientras que mi Padre Celestial me recuerde quién es Jesucristo y qué hizo por mí, no voy a darle mayor importancia al sufrimiento o la dificultad que pueda estar atravesando. No me interesa lo que puedan pensar los demás de mí, no me importa cuán mal me puedan ver y qué tan feo puedan opinar acerca de mí. Lo único que me importa es que Dios me aferre fuerte de su diestra poderosa, de Jesucristo mi Salvador, el único que tiene el poder y la autoridad para ayudarme a cruzar todos los desiertos que Él considere que tengo que atravesar para cumplir sus propósitos.

Hoy te invito a que juntos le digamos al Señor: “Jesús, no nos rendimos, aquí estamos para ti, no tenemos fuerzas y sentimos que no podemos más, pero seguimos confiando en ti. Perdónanos porque lo más seguro es que te hemos ofendido, danos de tu misericordia y límpianos de nuestra maldad. Sigue obrando en nuestras vidas, sigue cumpliendo tus propósitos, sabemos que todo lo que estamos viviendo hace parte de tu soberanía, tus planes son perfectos y nosotros te damos gracias por hacernos parte de ellos. A pesar de todo sufrimiento Señor, te damos gloria y honor, te exaltamos y bendecimos tu santo nombre. Eres lo más hermoso que tenemos, Dios y Salvador nuestro. Aquí estamos Señor, no nos sueltes, no nos dejes caer en tentación, impide que volvamos atrás, concédenos tu favor y permítenos avanzar según tu voluntad. Fortalece nuestro espíritu y permítenos glorificar tu nombre en todo tiempo Amado Salvador. Dependemos totalmente de ti, sin ti no queremos y no podemos vivir”.

 “Porque un momento será su ira, pero su favor dura toda la vida. Por la noche durará el lloro, y a la mañana vendrá la alegría.

Salmo 30:5 (RV1960).

“Por eso aunque tengamos toda clase de problemas, no estamos derrotados. Aunque tengamos muchas preocupaciones, no nos damos por vencidos”.

2 Corintios 4:8 (Palabra de Dios para Todos).

¡Bendito y alabado seas Amado Señor Jesucristo, por los siglos de los siglos, amén!

Autora: Marisela Ocampo Otálvaro

Escrito para www.devocionaldiario.com

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Nuestros problemas nunca podrán superar la grandeza del Señor

woman prayin readingPuede haber momentos en la vida en los que sentimos que estamos en medio de un desierto, lleno de sequía y soledad, y quizá podemos llegar a pensar que la tristeza es la única compañía en esos tiempos de dificultad. Tenemos todo lo que posiblemente otros no tienen y nos sentimos sin nada, estamos rodeados de bellas personas pero no dejamos de sentirnos solos, sabemos que no tenemos porqué llorar pero aun así nuestro corazón se duele, tenemos ganas de mucho pero al mismo tiempo de nada; es como si estuviéramos en una celda cuya puerta de salida no encontramos, todo es como un bello paisaje pero pintado de gris. Realmente, este es un escenario difícil de explicar y describir.

Este panorama es ideal para que Satanás haga de las suyas y se motive para ejecutar cada uno de sus perversos planes; sin embargo, aunque podemos sentirnos tan mal, en nuestro interior sigue cobrando valor la esperanza, una luz que nos mantiene fuertes a pesar de lo débiles que nos podemos sentir y esa luz tiene nombre propio, esa luz es Jesús. Una cosa es que estemos pasando por tiempos de crisis y dificultad, y otra muy distinta, que estemos pensando en tirar la toalla y desviarnos de la voluntad de Dios, y esto último, no viene al caso.

Puede ser muy duro lo que estamos viviendo, podemos sentir algo similar a lo que sintió Job cuando fue despojado de todos sus bienes, incluso de sus hijos y su salud; lo cierto, es que sin importar la situación adversa que podamos estar experimentando, debemos seguir confiando en nuestro Señor y Salvador Jesucristo, y creer que todo lo que estamos viviendo, aunque doloroso e incómodo, está bajo su control. Lo importante es que entendamos que pase lo que pase no podemos caer en la tentación de arremeter contra Dios. Cuando estamos pasando por el desierto, donde todo se pone gris y pareciera que no hubiera esperanza, es cuando más fácilmente somos tentados a blasfemar en contra del Señor; no lo hagamos, es en medio del desierto cuando más debemos rogar a Dios para que nos de valentía y así podamos resistir a la tentación de pecar o volver atrás. Tengamos en cuenta que mientras sigamos con vida puede suceder un milagro, la última palabra la tiene Dios; además, es bueno saber que por más grandes que parezcan nuestros problemas, estos nunca podrán superar la grandeza del Señor. Confía, Él tiene todo bajo control.

No sé tú, pero yo, no me voy a rendir, renuncio a esa absurda idea; no podría vivir sin mi Señor Jesús, a dónde iría, qué haría. Sin Él no soy nadie y por supuesto nada podría hacer. Mientras que mi Padre Celestial me recuerde quién es Jesucristo y qué hizo por mí, no voy a darle mayor importancia al sufrimiento o la dificultad que pueda estar atravesando. No me interesa lo que puedan pensar los demás de mí, no me importa cuán mal me puedan ver y qué tan feo puedan opinar acerca de mí. Lo único que me importa es que Dios me aferre fuerte de su diestra poderosa, de Jesucristo mi Salvador, el único que tiene el poder y la autoridad para ayudarme a cruzar todos los desiertos que Él considere que tengo que atravesar para cumplir sus propósitos.

Hoy te invito a que juntos le digamos al Señor: “Jesús, no nos rendimos, aquí estamos para ti, no tenemos fuerzas y sentimos que no podemos más, pero seguimos confiando en ti. Perdónanos porque lo más seguro es que te hemos ofendido, danos de tu misericordia y límpianos de nuestra maldad. Sigue obrando en nuestras vidas, sigue cumpliendo tus propósitos, sabemos que todo lo que estamos viviendo hace parte de tu soberanía, tus planes son perfectos y nosotros te damos gracias por hacernos parte de ellos. A pesar de todo sufrimiento Señor, te damos gloria y honor, te exaltamos y bendecimos tu santo nombre. Eres lo más hermoso que tenemos, Dios y Salvador nuestro. Aquí estamos Señor, no nos sueltes, no nos dejes caer en tentación, impide que volvamos atrás, concédenos tu favor y permítenos avanzar según tu voluntad. Fortalece nuestro espíritu y permítenos glorificar tu nombre en todo tiempo Amado Salvador. Dependemos totalmente de ti, sin ti no queremos y no podemos vivir”.

 “Porque un momento será su ira, pero su favor dura toda la vida. Por la noche durará el lloro, y a la mañana vendrá la alegría.

Salmo 30:5 (RV1960).

“Por eso aunque tengamos toda clase de problemas, no estamos derrotados. Aunque tengamos muchas preocupaciones, no nos damos por vencidos”.

2 Corintios 4:8 (Palabra de Dios para Todos).

¡Bendito y alabado seas Amado Señor Jesucristo, por los siglos de los siglos, amén!

Autora: Marisela Ocampo Otálvaro

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¡La gran comisión! – Parte XI – Bosquejo

¡LA GRAN COMISIÓN! (XI)

gran comisionHECHOS 16: 11-15

INTRODUCCIÓN: en esta última entrega analizaremos de la manera más sencilla a través de este pasaje bíblico las “TRES PARTES” que debemos tener en cuenta en la obra evangelizadora, en cumplimiento de la Gran Comisión. Veámoslo:

  1. LA PARTE HUMANA (Vr. 13, 14)

Consiste en “anunciar” y “explicar” el mensaje de Salvación lo más sencillo y claridoso que se pueda. Esto fue lo que hizo el apóstol Pablo: “habló” (compartió) el mensaje del evangelio a las mujeres que estaban reunidas incluyendo a Lidia (vr. 13). Era una mujer de negocios, de la ciudad de Tiatira entre Sardis y Pérgamo, famosa por sus telas teñidas (purpura real o carmesí), posiblemente viuda, una gentil que adoraba al Dios verdadero (temerosa) y seguía las enseñanzas de las Escrituras al igual que Cornelio. Sin embargo; no se había convertido por completo al judaísmo.

 

  1. LA PARTE DIVINA (Vr. 14)

Consiste en “abrir” y “tocar” el corazón de la persona: esto fue lo que hizo el Señor “abrió” y “tocó” el corazón de Lidia (vr. 14). Muchas veces somos nosotros los que queremos convencer, persuadir y hasta obligar a la persona a convertirse o hacer la oración de fe. Por eso muchas veces quedamos frustrados y sin ganas de continuar con el trabajo evangelizador.

No olvidemos que el único que convence de pecado, justicia y jucio es el Espíritu Santo (Juan 16: 8-11) y Él es quien abre el encendimiento para que las almas comprendan el mensaje  de Salvación (Lucas 24: 25): la conversión es Su obra directa y exclusiva. La persona cree libremente pero es Él quien despierta el corazón con Su gracia (Hechos 16: 14)

  1. LA PARTE DEL INCONVERSO (Vr. 15)

Consiste en “escuchar” y “aceptar” el mensaje de la Salvación, tomando la mejor decisión (entregar su vida al Señor Jesucristo) y dando el paso de obediencia con el bautismo: esto fue lo que hizo Lidia (vr. 15). No es cuestión solamente de creer y  seguir a Cristo; también es cuestión de prepararse para el bautismo (Marcos 16: 15, 16; Hechos 8: 26-39; 10: 47, 48). Hasta el mismo Jesús dio este paso de obediencia (Mateo 3: 13-17; Marcos 1: 9-11; Lucas 3: 21, 22)

CONCLUSIÓN: cumplamos con la parte que nos corresponde anunciando las nuevas noticias del evangelio (la humana), permitamos que el Espíritu Santo convenza a la persona a quien estamos evangelizando (la divina), para que así ella, él tome la decisión más importante de la vida que consiste en entregarle el corazón a Jesucristo y recibirle como Salvador único de su vida. ¡MANOS A LA OBRA! ¡AMÉN QUE SÍ!    

Autor: PrediCantor Garys Leandro

Preparado para: www.destellosdesugloria.org

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¡LA GRAN COMISIÓN! (XI)

gran comisionHECHOS 16: 11-15

INTRODUCCIÓN: en esta última entrega analizaremos de la manera más sencilla a través de este pasaje bíblico las “TRES PARTES” que debemos tener en cuenta en la obra evangelizadora, en cumplimiento de la Gran Comisión. Veámoslo:

  1. LA PARTE HUMANA (Vr. 13, 14)

Consiste en “anunciar” y “explicar” el mensaje de Salvación lo más sencillo y claridoso que se pueda. Esto fue lo que hizo el apóstol Pablo: “habló” (compartió) el mensaje del evangelio a las mujeres que estaban reunidas incluyendo a Lidia (vr. 13). Era una mujer de negocios, de la ciudad de Tiatira entre Sardis y Pérgamo, famosa por sus telas teñidas (purpura real o carmesí), posiblemente viuda, una gentil que adoraba al Dios verdadero (temerosa) y seguía las enseñanzas de las Escrituras al igual que Cornelio. Sin embargo; no se había convertido por completo al judaísmo.

 

  1. LA PARTE DIVINA (Vr. 14)

Consiste en “abrir” y “tocar” el corazón de la persona: esto fue lo que hizo el Señor “abrió” y “tocó” el corazón de Lidia (vr. 14). Muchas veces somos nosotros los que queremos convencer, persuadir y hasta obligar a la persona a convertirse o hacer la oración de fe. Por eso muchas veces quedamos frustrados y sin ganas de continuar con el trabajo evangelizador.

No olvidemos que el único que convence de pecado, justicia y jucio es el Espíritu Santo (Juan 16: 8-11) y Él es quien abre el encendimiento para que las almas comprendan el mensaje  de Salvación (Lucas 24: 25): la conversión es Su obra directa y exclusiva. La persona cree libremente pero es Él quien despierta el corazón con Su gracia (Hechos 16: 14)

  1. LA PARTE DEL INCONVERSO (Vr. 15)

Consiste en “escuchar” y “aceptar” el mensaje de la Salvación, tomando la mejor decisión (entregar su vida al Señor Jesucristo) y dando el paso de obediencia con el bautismo: esto fue lo que hizo Lidia (vr. 15). No es cuestión solamente de creer y  seguir a Cristo; también es cuestión de prepararse para el bautismo (Marcos 16: 15, 16; Hechos 8: 26-39; 10: 47, 48). Hasta el mismo Jesús dio este paso de obediencia (Mateo 3: 13-17; Marcos 1: 9-11; Lucas 3: 21, 22)

CONCLUSIÓN: cumplamos con la parte que nos corresponde anunciando las nuevas noticias del evangelio (la humana), permitamos que el Espíritu Santo convenza a la persona a quien estamos evangelizando (la divina), para que así ella, él tome la decisión más importante de la vida que consiste en entregarle el corazón a Jesucristo y recibirle como Salvador único de su vida. ¡MANOS A LA OBRA! ¡AMÉN QUE SÍ!    

Autor: PrediCantor Garys Leandro

Preparado para: www.destellosdesugloria.org

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